El impacto que me produjo mi primer encuentro con un dinosaurio que os
describí la última vez que tomé el teclado para escribir en este blog
fue tremendo a pesar de haber ocurrido en medio de una multitud de
experiencias alucinantes: profesores que no se sabían las
demostraciones, profesores que recitaban los apuntes de su cónyuge (un
ejemplar notable de dinosaurio del que debería de hablaros en algún
momento) a velocidades de vértigo... Pero éstos no eran dinosaurios:
les faltaba un no sé qué, un punto de desvergüenza, de malicia... y
mucha masa inerte.
Pasó un año entero antes de darme de bruces con otro dinosaurio. El
ecosistema rebosaba de estos bichos, pero sólo topé con una cría,
aunque las crías son peligrosas porque tienen dientes desde el
principio y se comportan de forma errática. También porque suele haber
algún adulto detrás, cubriéndole las espaldas.
Tardamos un tiempo en darnos cuenta de con quién/qué teníamos que
vérnoslas. Alguien, con toda probabilidad un macho dominante, le había
elegido para hacerse cargo en solitario (teoría, problemas, prácticas)
de una asignatura clave de la carrera de CC... sin ser doctor. No
estoy seguro de que lo haya logrado con el tiempo, porque acabó
desapareciendo de allí, pero sólo después de haber sacrificado sus
lotes correspondientes de presas. Para ser justos, habría que decir
que fue el macho dominante de su grupo el responsable de la
carnicería. Tampoco hubo miembros del grupo que alzaran la voz contra
esta situación. Ya hablé del agradecimiento y de la sumisión de los
grupos de dinosaurios universitarios.
El "Alvasaurio" lo intentaba, pero no daba la talla. Sólo cubrió la
mitad y poco más de un programa esencial en la carrera de CC... Y la
mitad que cubrió la cubrió de miseria. Una perla: una bala que sale de
un cañón que gira en torno a un eje perpendicular al eje del cañón,
hace espirales. ¡Muera la Primera Ley de Newton!
Sobreviví dejando de ir a clase y estudiando en los libros, que los
hay muy buenos. Pero sobreviví a duras penas. Las notas del examen de
junio se conocieron más allá del 15 de julio, sin que hubiera
posibilidad ya de reclamar (una de las tretas preferidas de los
dinosaurios), y me lo suspendió. Y en septiembre volvió a suspenderme,
pero sí que pude ver el examen. Necesité una hora completa para
explicarle que había resuelto los problemas con el sistema que él
mismo nos explicaba en las clases de teoría y no con el sistema que
nos explicaba en las clases de problemas, que tomaba de otro libro. No
lo entendía por más que insistía. El compañero que compartía la
guarida, lanzaba bufidos de advertencia. No sé cómo salí vivo de allí,
pero lo conseguí sin volverme uno de ellos...
El macho dominante de su tribu condenó a al menos un par de cursos a
sus fauces. Hubo nuevas bajas. Sólo 30 y pico de los pardillos que el
año anterior sintieron el terror entrar en sus vidas pasaron al curso
siguiente, y sólo para un encuentro a vida o muerte con el mortífero
Ayasaurio...
martes, 3 de noviembre de 2009
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