miércoles, 4 de noviembre de 2009

El Ayasaurio

Lo curioso del Ayasaurio es que no parecía un dinosaurio. Al menos, no
de los que ya conocíamos, porque se preparaba las clases y las daba
bien. Serio, parecía simplemente un profesor de la viaja escuela; pero
debimos sospechar que un profesor que no saluda en los pasillos ni con
un "hola" a alumnos que ve cuatro horas a la semana y pr supuesto conoce,
no es simplemente serio, sino tremendamente soberbio, una
característica básica de los dinosaurios universitarios.

Tuvimos la revelación el día del primer examen cuatrimestral. Creyendo
que íbamos a un aula de examen, fuimos llevados a un auténtico
matadero, un campo de concentración en el que, además de los 30 y pico
supervivientes, estaban al menos otros 60 de cursos superiores que
tenían pendiente esa asignatura. Al ver sus cicatrices el pánico nos
invadió. Demasiado tarde.

La lista de heridos, muertos y desaparecidos clavada en un tablón de
anuncios no hizo más que confirmar nuestras sospechas: de los 30 y
pico pardillos, 1 aprobado, 3 "compensables" (que, teniendo poco menos
de 5 puntos sobre 10 en el examen, podían compensar esa nota al hacer
la media con el de junio) y el resto suspenso. ¿Seríamos tan tontos?
Los dinosaurios universitarios le hacen creer a uno que sí... Debe de
ser la forma en la que ellos mantienen las cabezas erguidas sobre sus
largos cuellos por encima de las de los simples seres humanos...

Yo pedí ver mi examen corregido y allí se me aclararon todas las
dudas: "A ver, sí, está todo, está bien, pero no está estupendamente
bien: un 5 sobre 10 en ese ejercicio. Y en ese otro está todo, está
bien, pero hay un fallo en esta fórmula: un 4,5 sobre 10...". "No
puede ser que esa fçormula está mal: la he copiado en los 5 minutos
que usted nos dio después de dictar las preguntas para tomar
notas... " "¡No irá usted a decir que sabe más ... que yo!" "No, no,
claro que no... Usted disculpe. Adiós."

Lo cierto es que había cambiado la notación en la fórmula a otra que
me gustaba más, sin cambiar la fórmula, y la había copiado sin
errores, pero los dinosaurios universitarios que llevan 20 años en la
misma universidad, dando la misma asignatura, con las mismas notas, a
los mismos pardillos con distintas caras, no tienen la flexibilidad
necesaria para aceptar ni un cambio en la notación ni la posibilidad
de haberse equivocado corrigiendo. Tampoco tienen el respeto mínimo
por esos pardillos los que arrojan fuera de sus guaridas con
amenazantes rugidos ("¡No irá usted a decir que sabe más ... que yo!")
ni la ojetividad necesaria para calificar ejercicios que, teniéndolo
todo y teniéndolo bien, quizá merecen más que un 5 pelado.

Aprobé en junio, pero nunca superá la humillación que sufrí en su
guarida. Hoy sé que no tengo nada que echarme en cara: el Ayasaurio es
terriblemente peligroso y hacerle frente era firmar mi sentencia de
muerte y verme obligado a pasar por el campo de concentración hasta
agotar convocatorias. Hice lo más adecuado, pero aún me duele.

Las cosas están cambiando en la enseñanza y ahora se valora como
índice de la calidad de la docencia el porcentaje de aprobados, algo a
lo que se oponen los dinosaurios universitarios, que basan mucho de su
poder y prestigio en el bajo porcentaje de aprobados. La verdad es que
yo también me opongo a esto, que es irse al otro extremo y simplemente
fomenta el aprobado general sin exigencia y sin estudio. Pero es que
para medir la excelencia docente (algo por lo que a TODOS los
profesores universitarios se les acaba dando un plus cada 5 años) hay
otros baremos mucho más acertados, aunque cuesta bastante más
aplicarlos.

Claro que posiblemente, a nadie le interesa que se apliquen: las
universidades sólo quieren atraer a más estudiantes porque la inmensa
mayoría del dinero que reciben lo hacen por tener estudiantes y que
salgan graduados, diplomados o licenciados, sin importar cómo se
consiga. Los departamentos necesitan justificar horas de docencia para
tener más plazas (la única razón por la que se crean plazas de
profesor en las universidades, aunque los profesores también son, por
ley, investigadores)y no quieren espantar a los alumnos con
porcentajes altos de suspensos. Y los alumnos quieren aprobar, no
aprender y sus padres quieren que aprueben y saquen un título para
trabajar, no que sepan.

Y es que se podría decir que dinosaurios, somos todos. Pero no. No lo
somos. Basta echar una mirada alrededor, viajar un poco, leer buenos
libros, para darse cuenta de que otra universidad es posible. Pero
quizá en otra sociedad que valore más a sus científicos y
universidades que a sus jugadores y equipos de fútbol. Una sociedad
como la nuestra simplemente consigue lo que busca. Para los que
quisiéramos el cambio o simplemente nos resistimos a este orden de
cosas, sólo nos cabe protegernos de los Ayasauros. El que casi me pisa
en el 85 aún estaba en activo hace muy poco y creo que es emérito.

Otro emeritosaurio. He
buscado denodadamente en la base de datos Teseo y no he encontrado
ni una sola tesis dirigida por él y he buscado también en Web Of Knowledge
(WOK) y no he encontrado ni una sola publicación escrita por él...
Volveremos sobre estos temas, que también caracterizan a los dinosaurios
universitarios.

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