lunes, 2 de noviembre de 2009

Mi primer dinosaurio

Ha pasado mucho tiempo desde que empecé a escribir y dejé escrito mi
propósito de describir, hacer visibles, denunciar, a los dinosaurios
que habitan entre nosotros, y no he podido empezar a cumplirlo hasta
hoy. Y es que me he sentido abrumado por el tamaño de la tarea. No
sabía por dónde empezar. Hay tantos ecosistemas y en ellos tantas
especies de dinosaurios cuyas características, comportamientos,
asociaciones, son tan variados... En este periodo más de cien veces he
sentido la urgencia de ponerme al teclado y contaros o comentaros lo
que los dinosaurios estaban haciendo, pero había que poner un poco de
orden. Falto quizá de originalidad, he decidido comenzar por el
principio. Por mi principio, claro. Mi primer contacto con los
dinosaurios. Si no es el camino más corto para llegar a nuestro
objetivo, es al menos el que yo he seguido y a falta otro orden, el
cronológico siempre se impone.

Octubre de 1982, primer día de curso en primero de CC... en la
Universidad de.... Ahí estaba yo y otros 60 pardillos asustados más
viendo entrar en el aula y en nuestras vidas, en bata blanca, al
primer dinosaurio digno de tal nombre (del griego deimos, terror y
saurio, lagarto). La verdad es que, hasta entonces, si acaso habíamos
visto alguna lagartija y, si habíamos visto algún dinosaurio, no lo
habíamos identificado como tal. Pero este era (y sigue siendo,
emérito) un ejemplar soberbio (un macho dominante) que exhibió desde
el primer instante todos los comportamientos que les son propios.

¿Que cuáles son estos comportamientos? Es más fácil contar qué hizo y
dejar que los hechos os vayan calando y que de ellos vayáis extrayendo
vosotros mismos la esencia.

El primer golpe llegó pronto: nos contó que no sólo la carrera de
CC... era muy difícil sino que además apenas tenía salidas ya que,
incluso, había muy pocas plazas de profesor universitario en el área
correspondiente. Las 60 y pico víctimas, ya bastante amedrentadas en
un ecosistema que aún nos era extraño, nos hundimos medio palmo en
nuestros bancos. Entonces fue cuando nos remató diciendo que desde
hacía no sé cuántos años (y los que han debido de seguir desde el 82)
él se hacía cargo de la asignatura de ..., fundamental en la carrera
de CC... porque ya tenía mucha experiencia. No había escapatoria.

Muchos dinosaurios (ésta parece ser una característica bastante
extendida entre ellos) confunden el repetir algo muchas veces, bien o
mal (generalmente mal), a lo que llaman "tener experiencia" con el
tener buena experiencia. Temblad cuando oigáis a un dinosaurio bramar
que él tiene mucha experiencia en algo, porque es el preludio de un
ataque descalificatorio sobre víctimas más jóvenes que serán privadas
de la posibilidad de adquirir ellos mismos esa experiencia. Por
supuesto, nunca se va a discutir si ha estado haciendo algo 30 años,
pero mal.

Lo más curioso es que la carrera de CC... sí que tenía y tiene muchas
salidas, aunque no sea trabajando específicamente de ... La formación
del ... cuando es buena, es muy apreciada cuando se busca a alguien
que sepa modelizar y resolver problemas a partir de cero. Pero estos
dinosaurios son inmunes a la realidad exterior a su microuniverso
universitario. Sólo piensan en él y éste lo que quería decir es que no
había huecos para nosotros en su tribu. Como si hubiéramos ido a la
universidad a buscarlo...

El segundo día, cuando los 60 y pico pardillos cerramos los ojos y los
volvimos a abrir, incrédulos, el dinosaurio seguía allí, presto a dar
otro golpe: había revisado las listas de primero y de segundo y había
20 pardillos del años anterior que no estaban ni cursando segundo ni
repitiendo primero, para lo cual había que aprobar al menos una
asignatura. Esto parecía confirmar su advertencia sobre la dificultad
de la carrera y, aparentemente, no quería decir nada sobre la
enseñanza que se impartía allí ni sobre su "experiencia". Sólo más
tarde nos dimos cuenta de este último punto. En ese momento el golpe
surtió su efecto y nos hundimos otro medio palmo pensando lo tontos
que probablemente éramos todos, que íbamos a suspender en masa. Fue
también mucho más tarde cuando pensamos que quizá la labor de un
profesor consistía más en estimular a los estudiantes que en
asustarlos y que éste último comportamiento no podía ser de un
profesor, sino de otra cosa: un dinosaurio, un dinosaurio
universitario. Y éste era (es) de los más peligrosos. Puedo estar
contento de haber sobrevivido tras haberle tenido cerca y de tenerle
ahora lejos.

Los muchos días que siguieron añadieron mucha información útil sobre
este tipo de dinosaurio universitario. La mayor parte de los días se
presentaba en el aula sin haber preparado la clase, pero con unas
fichas en el bolsillo que había preparado a lo largo de los años y que
leía torpemente delante de sus víctimas, y recordando en ese preciso
momento de qué iba la clase. No importaba. Siempre podíamos acudir al
libro de texto que él había escrito si la explicación no era
buena. Esto podía ayudar para aprobar la asignatura, porque las
preguntas de los exámenes eran del tipo de las que aparecían en el
libro, pero no para aprender. Claro que eso no les importa a los
dinosaurios. De hecho, comprarse el libro y haberlo estudiado habría
sido el primer paso para convertirse en otro dinosaurio universitario,
un peligro del que ya os advertí: supervivencia al precio de renunciar
a la dignidad humana.

También descubrimos que, como ya os he adelantado, este ejemplar era
el macho dominante de un grupo en el que había conseguido que sus
genes se perpetuasen (2 hijos y la mujer de uno de ellos). Sólo más
adelante nos cuestionamos con quién habría tenido que competir para
ser el macho dominante, para concluir que con nadie porque este tipo
de dinosaurios no se imponen dentro de un grupo preexistente sino que
crean un grupo a su medida, a su imagen y semejanza (en este caso,
incluso genéticamente), seleccionando miembros que nunca cuestionen su
autoridad, eligiéndolos más débiles si hace falta. El agradecimiento y
la falta de dignidad humana (el mero hecho de ser un dinosaurio) hace
el resto. Esto garantiza la supervivencia del macho (sí, normalmente
macho, otra característica de los dinosaurios) dominante, y su
dominación, pero suele ser nefasto para la supervivencia del grupo. Y
es aún peor para las víctimas que los van a tener como profesores,
pero, claro, esto es lo de menos, porque para eso son las presas de
estos dinosaurios, existen para eso, ¿o no?

Éste consiguió su lote de presas entre nosotros: abandonos,
suspensos.. ¡Qué prestigio el suyo, el de su grupo y el de su carrera!
Claro que en la Universidad de .... aún había carreras más
prestigiosas, con muchos más abandonos y suspensos. Pero éste tenía un
método especial: las preguntas de exámenes redactadas de forma ambigua
o mal redactadas que hacían a las presas preguntarse no por la solución
correcta sino por qué querría el examinador que le contestasen.

Parece que fue hace mucho y no hace dos años que en una visita a
... me crucé con él (que debería de estar jubilado hace mucho)
saliendo de la Facultad. Él ha sobrevivido y, a pesar de las muchas
presas que ha necesitado, ha llegado incluso a emérito (es que tiene
mucha "experiencia")...

Hoy voy a dejarlo aquí, con mi recuerdo para los pardillos del 82 y todos los
que han pasado por sus fauces. El próximo día (será pronto) os hablaré de
otros dinosaurios universitarios que conocí en ... Otras especies, con
características propias diferentes de las del que os he presentado hoy, y que
llamaré "Veneciasaurio", de la familia de los dinosaurios universitarios, pero
con características comunes a ellos, en especial la falta de humanidad.

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